El problema del fracaso escolar en principio obedece a un fracaso familiar. La escuela solo aporta el complemento a la educación que recibe el adolescente o el niño por parte de sus padres y nada más -esta idea desde luego que se contrapone a la manera errónea de pensar del común de la gente que dice que manda a sus hijos a la escuela precisamente para que ahí se eduquen-. Si la familia falla, poco, muy poco puede hacer cualquier institución educativa. El principio de la educación comienza en el hogar y continúa en la escuela.
Entonces, ¿cómo evitar dicho fracaso escolar? Hay que buscar un equilibrio entre familia y escuela. Ambas son los pilares fundamentales para la educación y crianza de los jóvenes. Si existe un ambiente familiar agradable y responsable y una formación adecuada por parte del profesorado, daremos con jóvenes formales.

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